REBECA GODOY POR SIEMPRE!!!


La cantora Rebeca Godoy, quien acaba de fallecer el martes en la noche, no murió de una enfermedad inespecífica: murió de Chile. 
En las noticias respecto a su fallecimiento no debieron decir que murió "después de soportar una penosa enfermedad", como acostumbran escribir por fórmula periodistas y comunicadores de medios. Ella murió después de soportar un penoso país.

Cuando sostengo que mi amiga murió de Chile, lo digo porque murió de un país que se organizó para la violencia y la muerte, murió de un país que dejó caer la noche y el miedo, murió de un país en el cual conoció la agresión, la detención, ser perseguida, amedrentada, amenazada, reprimida… Y que, sin lugar a duda, estrió su corazón en forma irreparable.

Rebeca murió de un país que con extraordinarios índices macroeconómicos no es capaz hoy de entregar una atención digna de salud a quienes lo requieren, con insuficientes médicos especialistas en el sistema público de salud (Cuatro semanas hospitalizada en un hospital y sólo una vez la visitó el médico especialista que requería y lo hizo durante seis minutos), con exámenes urgentes para iniciar su tratamiento cuyos resultados se demoraron tres semanas en ser informados, con un alta médica que jamás indicó su gravedad como erróneamente se ha indicado en notas de prensa (la epicrisis indica "dada estabilidad clínica se decide alta hospitalaria"), que después de esas cuatro semanas internada y a la par de su severo detrimento nutricional, a la única conclusión que llegó fue a decretar en el alta que la sintomatología era "sugerente con enfermedad inflamatoria intestinal", dándonos una derivación urgente al especialista que al momento de ir a tramitarla se nos indicó que tenían 15 días para evaluar y recién informar la fecha en la cual la atenderían. Rebeca murió esperando que se cumplieran esos quince días para saber cuándo saldría la hora de su interconsulta. Mi amiga murió de un sistema de salud que se supone es un reconocimiento reparatorio por haber sido una víctima política de la dictadura, pero ese mismo sistema reparatorio le amarró las manos y la arrojó al mar como a tantos otros hace cuarenta años, la privó de seguir viviendo o de haber tenido una muerte menos dolorosa. El sistema PRAIS le dio gratuidad en un sistema de salud que no funciona o lo hace con una precariedad negligente y que no le permite la libre elección (o si opta por ella debe pagar todo en forma particular con los costos inherentes a ello).

Mi Rebe murió de Chile, murió de un país que no está organizado para enfrentar la enfermedad de los adultos mayores, menos de aquellos que como ella han vivido de un modo poco comprendido por el resto. ¿Quién entiende a los y las que están dispuestos a crear, ensayar, perfeccionar y compartir su trabajo, la mayor parte de las veces en forma gratuita o recibiendo como pago el abrazo agradecido de muchos, pero que vuelven a su casa sin una papa para la olla? ¿Cómo se asiste a un padre o madre adulto mayor, enfermo, postrado, cuando se está solo, como lo estuvo Pablo, su hijo, sin más red que algunos amigos y amigas que estuvimos presentes en la medida de nuestras posibilidades? ¿Cómo se cumple con compromisos laborales? ¿Cómo se prepara el ánimo para atender amorosamente sin terminar quebrado también (emocional y económicamente)?

Y murió por ser catalizadora de tanta injusticia social: murió de Vergara Toledo, murió de Rojas de Negri, murió de René Largo Farías… Pero tengo la certeza que a pesar de todo (y aquí está el testimonio más valioso) igual que Pablo Neruda en el Canto General aquí querría volver a nacer mil veces, en este país que conoció completo y que amó como una madre, optando de nuevo por esta tierra y amando a la distancia esos otros países en los cuales tanto reconocimiento recibió. Y amó a este país como una mujer que acoge a su hijo a pesar de sus torcidos sueños y comportamientos colectivos, sabiendo que en el fondo, en un barrio del Santiago extenso, o en un poema de una sureña sin raíces, algo hay que cuidar, una casita hay que construirle y ahí sigue estando para levantar un techo y prender un fogón que permita a otros seguir, aunque ya no sea con ella, aunque la trinchera ha cambiado, aunque la injusticia tenga otro matiz y sean otros los molinos, y se inscribe sin buscarlo en las razones para persistir que otros y otras tendrán a la vista para seguir como ella resistiendo desde siempre.

Rebeca Godoy murió de Chile, y me duele como un parto, pero quiero quedarme con la lección que maravilla: Rebeca Godoy vivió para Chile, para todo el país, para todas las luchas, y en esa sensación de heroísmo que aprendí de ella me acuno esta noche y con esa fuerza me levantaré mañana de nuevo, sonriendo.

Te quiero hasta el infinito del cielo de los cantores, amiga mía.
MILITA

 

Los comentarios están cerrados.