Bernardo Bastres y los perros asesinados

Bernardo Bastres no puede seguir como Obispo de la austral Diócesis. El capital de un Obispo no es cuánto dinero tiene, sino su autoridad moral, el ascendiente que tiene en sus feligresía, Bastres al ser insultado al ritmo de gritos de ¡asesino! e intentar ser linchado como un vulgar delincuente, es evidente que no tiene nada más que hacer en la Iglesia de Punta Arenas.

Escandalosas –por decir lo menos- resultan las declaraciones del Obispo de Punta Arenas, Bernardo Bastres. La costumbre indicaba que al prelado se le llamaba “Padre Obispo”. En el caso de Tomás González, era una realidad llamarlo Padre. El sacerdote salesiano día a día se jugaba la vida defendiendo a las víctimas de la dictadura de Pinochet, tanto en esas lejanas tierras, como desde el episcopado.

Llamar “padre” a Bastres es ironía. Las declaraciones de este Obispo en un diario local pidiendo la muerte de perros vagos, convierten a este individuo en mal ejemplo para la sociedad. No es posible llamar padre a quien públicamente pide la muerte de 18.000 perros que vagabundean por las calles de la austral ciudad.

El Obispo plantea que los perros vagos deben ser eliminados porque representan un peligro para la sociedad. Con la misma lógica debemos asesinar, exterminar, envenenar a los curas que han abusado de menores. Ellos realmente son un peligro para la sociedad y muchas veces –demasiadas– bajo el amparo y silencio de la iglesia que regenta Bastres.

El fulano de marras no hace un mea culpa, porque su institución desde el púlpito no ha educado en el respeto a los animales y a todo ser viviente. Jamás he escuchado una palabra condenando el maltrato animal, menos implementando una pastoral de los animales, donde se eduque y proteja a los animales abandonados.

El Obispo plantea que los perros vagos deben ser eliminados porque representan un peligro para la sociedad. Con la misma lógica debemos asesinar, exterminar, envenenar a los curas que han abusado de menores. Ellos realmente son un peligro para la sociedad y muchas veces –demasiadas– bajo el amparo y silencio de la iglesia que regenta Bastres.

Este obispo de presencia pulcra eclesial, no es más –como otros- que un funcionario de la multinacional iglesia católica.

Hace un tiempo y frente al silencio de la Iglesia en el crimen de Daniel Zamudio, escribí mi carta renuncia a la Iglesia Católica. Hoy no sólo reitero esa posición, sino espero en el Dios de la vida, que de esta institución no quede viga sobre viga, y desde esos escombros se levante la iglesia de los pobres y marginados, del amor, comprometida con la creación completa, con todo lo que respira.

Desafío al Obispo que quiere manchar sus manos con la sangre de los perros –seres creados por Dios- para que levante la mirada y vea cómo el pontífice y obispo de Roma ama los animales, especialmente perros y gatos.

Sus palabras, Obispo Bastres, lo inhabilitan para seguir consagrando y dando la comunión. El Lazo de unidad en esta comunidad llamada iglesia lo ha quebrado, con el insano llamado a exterminar los perros vagos que deambulan por las calles de Punta Arenas.

Sé que la gente de esa austral ciudad no acogerá el llamado del obispo para asesinar perros que fueron dejados en las calles por seres tan descriteriados como el señor Bernardo Bastres.

Es hora que la Iglesia quite el micrófono a estos personajes, que cuando abren la boca es para alejar más a los pocos creyentes que aun confían y esperan de la multinacional de la fe y los sacramentos.

El tema de los perros –el ignorante prelado debería saberlo- no pasa por eliminarlos, pasa por educar, por asumir la tenencia responsable, por castrar o esterilizar a los animales callejeros, no por abandonarlos.

La iglesia no está en condiciones de seguir escandalizando y alejando a la feligresía. Es la hora del encuentro. De salir de sí y sus títulos nobiliarios y reencontrase con los pobres, con la vida, con los sufrientes.

Bastres no tiene mi respeto, hasta cuando reconozca que sus palabras están equivocadas, cuando pida perdón y repare el daño causado.

La creación total es el canto a Dios, su creador. Amo a Dios y cada una de sus creaturas, ello hace que lo alabe y bendiga. Lo otro, lo que digan pelafustanes con sotana, es palabreo hueco busca tribunas para susurrar, aún estamos vivos, sobrevivimos. Lo hacemos sin Dios, sin hermanos, sin locura del evangelio. Triste realidad Bernardo Bastres.

Los hechos posteriores, donde una multitud entró a la iglesia catedral protestando en contra del Obispo y con actitudes de querer lincharlo, son el resultado de declaraciones imprudentes de este señor.

Las imágenes mostrando a seminaristas y diáconos, ofreciendo golpes a los protestantes son un pésimo ejemplo.

La nunciatura debe tomar cartas en el asunto. Bernardo Bastres no puede seguir como Obispo de la austral Diócesis. El capital de un Obispo no es cuánto dinero tiene, sino su autoridad moral, el ascendiente que tiene en sus feligresía, Bastres al ser insultado al ritmo de gritos de ¡asesino! e intentar ser linchado como un vulgar delincuente, es evidente que no tiene nada más que hacer en la Iglesia de Punta Arenas.

Fuente:

Carlos Ernesto Sánchez

Presidente de la ONG Centro de Estudios del Medio Ambiente y Defensa de los Animales

 

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